No sé como hemos acabado aquí, revueltos. Hacía mucho que no nos veíamos y no me imaginaba un final así para este reencuentro, que por otra parte, no deseaba. Pero aquí estamos, uno en los brazos del otro y llorar por ti me parece una de las mejores cosas que he hecho. Suena Gainsbourg, es como si su voz predijese que es lo que va a pasar. Te miro sin apenas verte por culpa de la poca luz que entra desde la calle. Tus manos me dibujan en la oscuridad, mientras la respiración se acelera y ninguno quiere pensar, solo seguir. La camiseta en el suelo, el botón desabrochado y las primeras gotas de sudor…oui Je t’aime… Tus manos me enredan el pelo y mis dedos acaban de encontrar tus labios…y aún Gainsbourg… ¿no estará puesto el repeat? No importa, no te vas, sigues. Tu cuerpo es fino y perfecto y ahora es todo para mí. Susurras cosas ininteligibles a mi oído mientras me arde la garganta al inhalar el olor a vida que desprende tu piel. La respiración sigue acelerándose, la música no para, no hay luz pero tu cuerpo sigue aquí. Tus dedos se pierden buscando la cremallera, que se rinde al primer intento. Tu voz ha ganado en profundidad, la mía se pierde detrás de tus oídos. Mi saliva sabe a tu perfume, exquisito. Aprieto el botón de tu ombligo y se hace la luz en la habitación. Mientras lucho con tus pantalones, aprecio la belleza real de tu cuerpo, incomparable. No me dejes parar. Ya estás aquí, no te quería, no te vayas jamás. Tu espalda se arquea como la silueta de un violín y se perla la piel de sudor. La habitación se va tiñendo de azul, el sol amenaza con salir, pero no importa. He querido que esto pasara desde el día en que te conocí, cuánto ha pasado ya. Te miro, tus ojos cerrados no me ven, pero sentimos, sobran las palabras. Te mueves, como si volases, soñases… me enredo con la sábana que solo tapa la mitad de tu cuerpo y a fe que debería ser pecado perderse algo como esto. Tus dedos son lo mejor que he visto en años, y la exquisitez de tu cuello es realmente deliciosa. Me coges más fuerte y yo no te suelto, nada podría obligarme en este momento a ello. Bardot gime en el reproductor, oh Dios dime si esta canción no es la mejor que jamás se ha escrito, dime que este no es el hombre perfecto, dime que me quiere, dime que le creo. Quiero gritarte al oído no te vayas nunca, aunque sepa que tras esto lo más seguro es que no te vuelva a ver. A tu lado en la calle me siento incómoda, aquí sin ti, me siento estúpida. Cuantas noches te he soñado, cuantas veces te he imaginado, idea a idea, volviendo a casa, un día tras otro, y por fin estás aquí, aunque poco…falta muy poco para que te vayas. Y yo. Tu cuerpo se va tensando poco a poco y a penas puedes contener la respiración, absolutamente acelerada. Aprietas los dedos contra mis brazos como si quisieras clavarme las uñas, y yo enseño los dientes a tu hombro, suave. Nos vamos…y todo viene a mi mente como dicen que ocurre antes de morir, el día que nos conocimos, que nos besamos por primera vez, que se acabó, que nunca te olvidé y como hemos llegado hasta aquí. El humo emana de tus labios para eternizar este momento.
La primera luz del nuevo día se cuela por las rendijas de la persiana para tatuar la pared, y la habitación se ilumina con la luz de tu cigarrillo…Moi non plus…

-Dejaría que gobernases mi vida aunque supiera que lo harías mal, solo por tenerte cerca para siempre
-No sabía que estabas aquí. ¿Te marchas ya?
Las lágrimas vuelven vidrio los ojos y un clavo atornilla la garganta con ganas de llorar cada vez que vuelvo a pensar. En ocasiones se me ocurre que hubiese sido mejor no saber querer, por que aunque el amor es un regalo, el dolor y el sufrimiento son una maldición que lo acompañan. ¿Por qué no rendirse? ¿Por qué luchar por algo que antes de nacer sabemos que está muerto? Suena un allelujah en la noche, susurrado muy despacio, casi como una súplica, pero yo no puedo creerlo. En ocasiones pienso que el destino se ha olvidado de mí. Pierdo los sueños cada noche al escuchar canciones que cuentan historias que jamás podré vivir. No tengo ganas de levantarme, solo quiero mirarte y adivinar cómo lo haces para resucitarme cada vez que te veo aparecer.
Soy como el Allelujah roto a gritos que jamás podré pronunciar. Y qué si me voy y te dejo?… ¿Importaría? La noche está desierta como tu alma de amor por mí y me arrastro por las calles rezando para que Dios se acuerde Allelujah.
Su obra me impactaba y cada nueva creación que nacía de sus manos era como otro golpe, era un retrato de su mundo, un mundo sin mí. Y de pronto encontré la obra definitiva, era él hecho palabras, versos, rima. Tumbado sobre su cama perdía su mirada en el techo. No llevaba camiseta y el sol que se colaba por las rendijas de la persiana a medio subir tatuaba en su piel la mortecina luz del atardecer. Su cuerpo era perfecto, delgado hasta el extremo, pero delicado y grácil. Los pantalones tejanos eran algo anchos, pero caían sobre sus piernas y las dibujaban de un modo especial, rozando la divinidad. Sus caprichosos pies, blancos como el mármol, se entrelazaban con las sábanas revueltas que tapaban el colchón. Era como un ángel, pero por más que buscaba no podía encontrarle las alas. Recostado sobre sus labios humeaba uno de los millones de cigarrillos que fumaba al cabo día y su mente volaba, recogía ideas, soñaba, deseaba escapar. Su vida era una cárcel y su mente un ave que escapaba. Envidiaba esa vida, una vida triste y amarga, en la que no tuvieses que fingir que las cosas iban bien cuando nada iba bien, una vida donde nadie fuese a preguntarte, porque sabían que te hacían daño, una vida donde tenías derecho a sufrir sin tener que disimular para no incomodar a nadie.




